Groenlandia del Sur

Hace unos años se puso de moda designar a la provincia de Teruel, y algunas limítrofes, como la Laponia del Sur. No era tanto por el frío, que lo hace, como por la baja densidad de población, que está en valores similares. Otra salvedad es que en Laponia la vida es bastante complicada y en Teruel es muy agradable.

Desde el camino de la Capellanía, en Fortanete

Desde el camino de la Capellanía, en Fortanete. Al fondo Tarrascón y Loma de Medio, pinares amenazados por el proyecto eólico del Maestrazgo.

Siendo un tanto oportunistas, y al arrimo de las noticias de los últimos días, podríamos cambiar el paralelismo y hablar de la Groenlandia del Sur, pues, aunque físicamente Teruel y la isla del Ártico no comparten casi nada, sí que tienen en común ser objeto de codicia. En la del Norte ya sabemos qué sucede, pues las noticias de los últimos días nos han dado a conocer las características del territorio y, sobre todo, el valor económico y estratégico que tiene esa isla gigantesca y helada.

La Groenlandia del Sur, es decir, Teruel, también resulta estratégica

La Groenlandia del Sur, es decir, Teruel, también resulta estratégica debido a la disponibilidad de terreno barato, al escaso número de votantes y al abandono institucional, lo que la convierte en idónea para el desarrollo de proyectos con un fuerte impacto sobre el territorio, rechazo social y una gran rentabilidad para los inversores.

La paradoja es que la Groenlandia del Norte corre el riesgo de ser ocupada por una superpotencia mundial contra la voluntad de su población y del país que ostenta la soberanía, Dinamarca, cuyas autoridades se muestran ofendidas y traicionadas por el gobierno estadounidense, mientras que la Groenlandia del Sur está siendo comprada a bajo precio por la propia Dinamarca.

No olvidemos que CIP, propietario de diversas macrocentrales en Aragón, es un fondo danés compuesto por inversores institucionales, principalmente fondos soberanos de titularidad estatal. Los ofendidos daneses, que lógicamente se sienten agredidos, a su manera aplican a Teruel el mismo esquema sin inmutarse: la subordinación del territorio y su población a intereses egoístas.

Copenhaguen Infrastructure Partner (CIP), quiere instalar en la provincia de Teruel dos grandes proyectos. Uno es el tan traído y llevado Clúster Maestrazgo, con la ocupación de uno de los espacios mejor conservados y más despoblado de Teruel. La megacentral destruiría la biodiversidad y un desarrollo endógeno trabajado desde hace más de cuarenta años.

El otro proyecto, del que se habla menos, pero que puede ser tan impactante o más, es el conocido como «Catalina», que promete producir grandes cantidades de hidrógeno llenando el norte de la provincia de parques eólicos y fotovoltaicos, además de apropiarse del agua de los regadíos del Bajo Aragón.

Son proyectos manchados por la corrupción, tal y como apuntan las investigaciones de la UCO. Además, tanto el hidrógeno producido en Catalina como la electricidad del Clúster no servirán para desarrollar la provincia, ni para consolidar población o recursos, sino que saldrán por gaseoductos y líneas eléctricas hacia polos industrialmente desarrollados, más poblados, llenos de votantes, con todos los mimos institucionales y con mayor interés económico para la empresa que lo pretende ejecutar.

Esto se suele denominar extractivismo, aunque algunos lo quieren hacer pasar por solidaridad.

Tal vez sea un paralelismo cogido por los pelos, pero lo que ocurre hoy en día en Groenlandia y en Teruel, dos espacios que pasaban desapercibidos para la mayoría de los mortales y que eran considerados casi una carga para su Estados gestores, de pronto cobra notoriedad. No sucede por la iniciativa de sus habitantes, sino por el deseo de los carroñeros del siglo XXI de ocuparlos y explotar sus recursos en beneficio de una élite social lejana, corrupta y codiciosa.

Artículo de opinión para la revista Compromiso y Cultura, de Alcañiz.

Javier Oquendo.

Plataforma a favor de los Paisajes de Teruel

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