Retrato de una lacra

Fernando Samper abandonó la semana pasada la presidencia de Forestalia y la dejó en manos de su hijo Ricardo. El huracán de las tramas corruptas de su empresa, presuntamente presuntas, se adivina como detonante de la decisión. El día anterior el propio Samper compareció en el Senado en el marco de la comisión de investigación sobre las mediaciones de Koldo García. Fueron dos horas y cuarto difíciles de digerir incluso para estómagos curtidos.

Primero el personaje. Fernando Samper ansiaba hablar, pero para presentarse como un hombre de negocios exitoso, una figura disruptiva, como se complace en publicitar su guardia de corps. Cualquiera hubiera dicho tras escuchar su relato que se trataba de la biografía del nuevo Nikola Tesla. La actualidad, sin embargo, ha terminado devorando a los logros y aparentando algo más cutre, una versión de Ubú rey del capitalismo de amiguetes, con Antxones, chistorras y testaferros picapleitos.

Segundo las formas. Es indudable que el «automonumento» a la vanidad de Fernando Samper tenía una parte de bomba de humo, de legítima estrategia de defensa. El artificio se desvaneció cuando sus interlocutoras, las senadoras, le preguntaron no por los publirreportajes con los que Forestalia acostumbraba a llenar de dinero los balances de los medios de comunicación, sino por la materia de la Comisión: las presuntas prácticas corruptas.

A la mínima contrariedad apareció un hombre prepotente y pagado de sí mismo. Es inevitable suponer que el tono faltón se exacerbó por el hecho de que fueron mujeres quienes cuestionaron al Rey León. Casualmente, la estrategia de defensa aparecía forjada en el molde de un perfil de gente que se siente acreedora de todo y deudora de nada. Siempre se ha dicho que Fernando Samper no ha sido figura de apariciones públicas ni de hacer declaraciones. Visto lo visto, no es de extrañar.

Tercero el contenido. Fernando Samper afirmó airado no comprender qué pintaba allí, en una comisión sobre las andanzas de Koldo García. Él, que aceptó conocer a Antxón Alonso, el empresario que tuvo a Koldo en nómina en Servinabar. Él, cuyos testaferros tienen un despacho en el que han domiciliado cientos de sociedades vinculadas con Antxón Alonso. Él, cuyo testaferro creó una compañía que pasó a manos de Antxón Alonso y se sospecha que sirvió de instrumento en proyectos de Forestalia.

Un aspecto sensacional de la comparecencia fue expresar el sentido real de la transición-justa-energética-ecológica-verde-blablablá. A modo de Trump reconociendo que ni la libertad ni los derechos humanos son de interés para los Estados Unidos, sino la sumisión política, la subordinación militar o los recursos de otros países, Samper hizo negación explícita del ecologismo mediante la profesión de fe de que las renovables ganarían no por ecología, sino por economía. Es en este punto en el que Paisajes de Teruel es beligerante, porque para nosotros la lógica de las renovables es ecológica, y por eso rechazamos el modelo de renovables realmente existente, el del Gobierno, Forestalia y otras tantas corporaciones: oligopólico, extractivista y especulativo.

Relacionado con esta forma de entender las renovables llegó la apoteosis final. Fernando Samper, sin que nadie se lo pidiera, quiso aclarar a la humanidad qué había sucedido con la Declaración de Impacto Ambiental (DIA) del Nudo Mudéjar, un megaproyecto renovable al que aspiró Forestalia, pero que acabó en manos de Endesa. La resolución eliminó unos 800 MW de potencia y el prohombre la calificó de fracaso. Para dar credibilidad a sus palabras aseguró haber leído el documento. Es sorprendente, porque afirmó que la culpa era de dos especies de aves cuando la DIA trata de la protección de la naturaleza, de la población y de la salud humana (BOE n.º 51, páginas 29.445-29.457). Nimiedades para un hombre de negocios.

Fue ese momento en el que el espectáculo del señor Samper se convirtió en una genuina representación «ubuesca» (repasen Ubú rey, la obra de Alfred Jarry). El atolondramiento, el desprecio y la falta a la verdad con la que habló de los recursos naturales era la expresión más acabada de la opinión que tienen del medioambiente las élites españolas criadas en la mitificación del desarrollismo: un estorbo a una décima del PIB, a los beneficios empresariales concebidos como fuente de toda legitimidad. Aunque perjudiquen a las personas y a sus derechos, aunque agoten o destruyan los recursos naturales que nos permiten comer y beber, que renuevan el aire y el suelo, que nos protegen de enfermedades.

Esa es la verdadera lacra que retratamos, no Fernando Samper, por poco simpático que nos resulte, sino la puerca mentalidad de que todo debe tener y a todo se le puede poner un precio: las personas, el medioambiente, los bienes públicos, la administración, la justicia. El señor Samper, entregado a la vehemencia, dio a entender que con estos escándalos y esta protección legal a unos inoportunos y culpabilizados pájaros (¡que perfecta fotografía de alguien que ni entiende ni quiere entender!) ya no había funcionarios dispuestos a realizar declaraciones de impacto ambiental positivas, algo que se desmiente por los hechos. Le faltó añadir que por ese motivo Forestalia había tenido que corromper, presuntamente presunto, a unos cuantos.

Ivo Inigo y Javier Oquendo. Artículo de opinión.

Plataforma a Favor de los Paisajes de Teruel

20260406 Comparecencia de Forestalia, D. Fernando Samper Rivas, ante la Comisión de Investigación sobre los contratos, licencias, concesiones, ayudas y otras operaciones del Gobierno y del sector público, relacionadas con la intermediación de Koldo.

Comparecencia de D. Fernando Samper Rivas, ante la Comisión de Investigación sobre los contratos, licencias, concesiones, ayudas y otras operaciones del Gobierno y del sector público, relacionadas con la intermediación de Koldo.

6 de abril del 2026

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